
El primer dia en Nueva York fuimos de compras. Primero pasamos por Bloomingdales, algo así como una versión selecta del Corte Inglés, donde una señora se abalanzó sobre Lunática, perfume en mano, y la roció de cabeza a pies y le informó, entre ansionsa y convencida, de las maravillas de no se qué fragancia. Paseamos por las diferentes zonas de la tienda como quien va al zoo (al menos en mi caso), comprobando cómo de exclusivo puede ser un sofa o un pantalón.
Bajamos un escalón del lujo al llegar a Macys, otros Gigantescos almacenes llenos de espejos y con nueve plantas unidas por escaleras mecánicas forradas en madera y gente muy amable. Macys es más normal, aunque al igual que Bloomingdales está lleno de espejos que te informan a casi cada paso de lo especial que eres de estar allí. Incluso compramos algunas cosas. Pero el siguiente escalón en nuestra escalera de grandes almacenes fue el más alucinante: Century 21, justo enfrente de una zona cero que habia sido tomada al asalto por las gruas.
Para llegar a la tienda, le pregunté cómo llegar a una pareja de españoles que llevaban una bolsa con el logo del establecimiento. El hombre se mostró contento con mi interés y, levantando la bolsa (que estaba llena a su vez de mini bolsitas blancas), me dijo que solo le había costado 600 euros. Yo me quedé un poco confuso pues en aquella bolsa lo mismo podía haber varios lingotes de oro que dos docenas de periodicos, por lo que Century 21 podia ser lo mismo una gran estafa que una super ganga. Gracias a las indicaciones de la pareja llegamos enseguida y triunfó en mi cabeza la opción de las gangas ya que la tienda estaba tomada por un enjambre de personas (mayormente españoles, latinos y similares), luchando por bolsos, gafas de sol, pantalones y demás con gran entusiasmo. La sensación de marea humana sin dirección pero con un propósito era allí mucho más fuerte que en los otros grandes almacenes, y en mitad del lio compramos algunas cosillas y volvimos, agotadísimos, al hotel.
En fin, que esto de comprar en Nueva York es complicado (aunque Lunática dice que con ella no lo es).
Bajamos un escalón del lujo al llegar a Macys, otros Gigantescos almacenes llenos de espejos y con nueve plantas unidas por escaleras mecánicas forradas en madera y gente muy amable. Macys es más normal, aunque al igual que Bloomingdales está lleno de espejos que te informan a casi cada paso de lo especial que eres de estar allí. Incluso compramos algunas cosas. Pero el siguiente escalón en nuestra escalera de grandes almacenes fue el más alucinante: Century 21, justo enfrente de una zona cero que habia sido tomada al asalto por las gruas.
Para llegar a la tienda, le pregunté cómo llegar a una pareja de españoles que llevaban una bolsa con el logo del establecimiento. El hombre se mostró contento con mi interés y, levantando la bolsa (que estaba llena a su vez de mini bolsitas blancas), me dijo que solo le había costado 600 euros. Yo me quedé un poco confuso pues en aquella bolsa lo mismo podía haber varios lingotes de oro que dos docenas de periodicos, por lo que Century 21 podia ser lo mismo una gran estafa que una super ganga. Gracias a las indicaciones de la pareja llegamos enseguida y triunfó en mi cabeza la opción de las gangas ya que la tienda estaba tomada por un enjambre de personas (mayormente españoles, latinos y similares), luchando por bolsos, gafas de sol, pantalones y demás con gran entusiasmo. La sensación de marea humana sin dirección pero con un propósito era allí mucho más fuerte que en los otros grandes almacenes, y en mitad del lio compramos algunas cosillas y volvimos, agotadísimos, al hotel.
En fin, que esto de comprar en Nueva York es complicado (aunque Lunática dice que con ella no lo es).


