Las compras de chinatown son siempre muy emocionantes, aunque creo que en el fondo todo es un paripé turístico, primero te abordan por la calle ofreciéndote todo tipo de falsificaciones, incluso llevan un pequeño catálogo con fotos de los modelos de bolsos que tienen. Una vez llegas aun acuerdo con ellos te dicen que les sigas, y te llevan a sótanos, altillos, trastiendas y lugares escondidos donde podrán matarte y nadie te encontraría en 10 años. El caso es que entras en habitaciones minúsculas en las que hay infinidad de cosas falsificadas. Dos de los bolsos los compré dentro de una furgoneta, y el científico pacífico se quedó fuera esperando, yo crucé los dedos para que si la furgoneta arrancaba se quedara con la matrícula y el modelo.
22/8/08
Distorsiones
Estos posts son cortesia de una señal de Wi-Fi no protegida que pirateamos vilmente (y cuyos propietarios esperamos no lean este blog ...)
Tras tres días en la ciudad me siento un poco de aquí. Ya se que suena exagerado pero pienso que todo el mundo que visita Nueva York acaba sintiendose así. A cada paso encuentras cosas curiosas, llamativas, extrañas, y a nadie le importa demasiado lo que pienses al respecto, o la pinta que tengas, ya que eres uno más por que aquí todos lo son.
Y en estos días hemos tenido de todo, tiendas, dolor de pies, una mañana en el MoMA, compras en Chinatown,... La ciudad es impresionante, con un punto agresivo que hace que la mires un poco de reojo, entre asombrado y despistado. Acumulamos ya algunos encargos pendientes y cosas que vamos comprando aquí y allá, casi siempre en sitios donde no faltan ni españoles ni italianos.
Las manzanas que rodean al hotel, en torno a las avenidas quinta y sexta, son de un lujo que asusta, y al pasear contemplas escaparates de vértigo de super marcas inalcanzables en la escala del mundo en la que nos movemos: Gucci, Prada, Vuitton, en fin, esa lista de nombres que yo no conocería de no ser por el universo lunático de Lunática.
En resumen, estar en Nueva York es como moverse por el interior de un caleidoscopio, deslumbra ya que esta lleno de cristales de colores brillantes que se mueven sin cesar creando ilusiones, pero se ha de usar con cuidado por que si no, acaba mareándote.
Tras tres días en la ciudad me siento un poco de aquí. Ya se que suena exagerado pero pienso que todo el mundo que visita Nueva York acaba sintiendose así. A cada paso encuentras cosas curiosas, llamativas, extrañas, y a nadie le importa demasiado lo que pienses al respecto, o la pinta que tengas, ya que eres uno más por que aquí todos lo son.
Y en estos días hemos tenido de todo, tiendas, dolor de pies, una mañana en el MoMA, compras en Chinatown,... La ciudad es impresionante, con un punto agresivo que hace que la mires un poco de reojo, entre asombrado y despistado. Acumulamos ya algunos encargos pendientes y cosas que vamos comprando aquí y allá, casi siempre en sitios donde no faltan ni españoles ni italianos.
Las manzanas que rodean al hotel, en torno a las avenidas quinta y sexta, son de un lujo que asusta, y al pasear contemplas escaparates de vértigo de super marcas inalcanzables en la escala del mundo en la que nos movemos: Gucci, Prada, Vuitton, en fin, esa lista de nombres que yo no conocería de no ser por el universo lunático de Lunática.
En resumen, estar en Nueva York es como moverse por el interior de un caleidoscopio, deslumbra ya que esta lleno de cristales de colores brillantes que se mueven sin cesar creando ilusiones, pero se ha de usar con cuidado por que si no, acaba mareándote.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




