27/8/08

Desde Blue Mountain Lake, Nueva York



Me escapo un momento del congreso para contar que, aquí en Blue Mountain Lake no hay mucho que hacer aparte del congreso. El horario es terrible (de las ocho de la mañana a las doce, y de las tres a las nueve, con un "lunch" a mediodia y una cena a las ¡seis! de la tarde), y hay demasiada información que asimilar para mí en muy poco tiempo. El centro de congresos está al borde del lago, en mitad de un bosque, y la verdad es que los pueblitos más cercanos (que están a diez-doce millas) son minúsculos. En uno llamado Indian Lake hay dos supermercados, una gasolinera, tres tiendas de recuerdos, un tipo que ha llenado su casa con baderas que piden que Dios bendiga a América y que se apoye a las tropas americanas en Irak, dos restaurantes y un cementerio a la entrada. Este es el pueblo más grande de los alrededores así que la vida social es, sencillamente, inexistente.




La gente es muy amable y, pese a mis reservas, parecen en general bastante simpáticos. Aunque hay una serie de cuestiones desconcertantes. Por ejemplo, aquí todo el mundo tiene canoa o hidroavión (¿es más barato un hidroavión que un coche?). Además, en los supermercardos te informan de que venden gusanos, lo cual me hizo dudar si preguntar a cuánto estaba el kilo de gusanos o bien si los vendían por piezas. Hemos intentado echar unas postales pero aquí todo cierra a las cinco de la tarde (excepto los bares, supongo). Y además están muy orgullosos de sus muebles de madera que, en general, son de talla XXXXL. El tiempo pasa despacio, sobre todo para Lunática, que está en plena cura de desintoxicación de actividades diversas después de la semana en NY. Y es que el cambio ha sido muy brusco, esto de pasar del centro del mundo al culo del mundo en cuestión de horas desconcierta a cualquiera. Hay tranquilidad, es cierto, pero sin duda demasiada. De hecho no tenemos covertura de teléfono móvil y lo de internet es un milagro.
Creo que no confian en que mis colegas se queden al congreso en un sitio con más posibilidades ...
Lunática está leyendo El corazón helado, de Almundena Grandes. Ella es previsora y eligió un libro de mil páginas para pasar estos días de congreso.

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