
La modernidad es un concepto relativo, y está muy influenciado por dónde se encuentre uno. Para comprobar esto, basta con ver a la gente que tienes a tu alrededor. Esta tarde, en Union Square, nos hemos sentado completamente hechos polvo tras muchas horas de paseo y hemos visto gente terriblemente moderna. Además, el tipo de modernez varía mucho de barrio en barrio.
En la zona de nuestro hotel lo que se lleva es el super lujo y lo que este conlleva (marcas, una actitud de extraña superioridad). En la quinta avenida, lo moderno es subir al segundo piso de Tiffany's y hacer creer a todo el mundo que te mueves entre los diamantes como lo harías en tu casa vestida con un pijama horroroso pero comodísimo.
En el Village, todo es moderno, los bares, los restaurantes, las tiendas, la gente con la que te cruzas, y todo tiene un color que dificilmente se ve fuera de aquí, es como si esto fuera lo normal y todo el mundo aceptara que es así.
En Chinatown, lo moderno es una muchacha que parece sacada de otro planeta (distinto al mio) y que pide un café de colorines en un Starbucks mientras yo me aferro a mi cafe con leche (cafe latte, creo que lo llaman) con obstinación.
Cada barrio define un tipo de gente, una forma de mirar a los demás y una especie de luz que tiñe todo.
Por cierto, moderneces aparte, aquí ya se insinua el otoño en una luz que parece de septiembre.
En la zona de nuestro hotel lo que se lleva es el super lujo y lo que este conlleva (marcas, una actitud de extraña superioridad). En la quinta avenida, lo moderno es subir al segundo piso de Tiffany's y hacer creer a todo el mundo que te mueves entre los diamantes como lo harías en tu casa vestida con un pijama horroroso pero comodísimo.
En el Village, todo es moderno, los bares, los restaurantes, las tiendas, la gente con la que te cruzas, y todo tiene un color que dificilmente se ve fuera de aquí, es como si esto fuera lo normal y todo el mundo aceptara que es así.
En Chinatown, lo moderno es una muchacha que parece sacada de otro planeta (distinto al mio) y que pide un café de colorines en un Starbucks mientras yo me aferro a mi cafe con leche (cafe latte, creo que lo llaman) con obstinación.
Cada barrio define un tipo de gente, una forma de mirar a los demás y una especie de luz que tiñe todo.
Por cierto, moderneces aparte, aquí ya se insinua el otoño en una luz que parece de septiembre.

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